La felicidad r e a l siempre aparece escuálida en comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Estar satisfecho de todo no posee el encanto que supone tener una lucha justa contra la infelicidad, ni lo atractivo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad absoluta nunca tiene grandeza.
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